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El Juli habla para ABC con motivo de la corrida 1000 en su carrera (13/10/2007)

El Juli habla para ABC con motivo de la corrida 1000 en su carrera (13/10/2007)

jueves, 11 de octubre de 2007

-Nueve temporadas como matador de toros, veinticinco años recién estrenados y hoy cumple en Zaragoza su corrida número mil, ¡cómo pasa el tiempo!


-Sí. Me ha sorprendido un poco, porque no llevaba la cuenta. Es un hecho importantísimo.


-Y dentro de un par de días, en su cierre de temporada, la 1.001.


-Es muy bonito cerrar un año así con dos tardes en Zaragoza, asumiendo la máxima responsabilidad, que viene a ser el resumen del año.


-¿Qué balance hace?


-Me encuentro más cerca de que se me reconozca el camino que he buscado. Han sido años duros y ahora estoy empezando a recoger los frutos de toda la lucha que he tenido. Es muy gratificante. Y lo que verdaderamente me ilusiona de cara a 2008 es que estoy en el proyecto en el que yo quería estar, en mi sitio, en mi lugar como torero y pudiendo hacer las cosas que quiero.


-En este año, que ha sido prácticamente redondo, se ha dado una paradoja: cayeron las murallas de Madrid, pero en Bilbao, que es su plaza, los toros y ...


-No, no he estado yo fino. Venía en una racha extraordinaria y se me cruzó. Me empezaron a salir las cosas al revés. Es el punto negro.


-Vaya lo uno por lo otro. La Puerta Grande de Las Ventas, que se le resistía, se le ha rendido.


-Lo voy a recordar siempre. Fue inolvidable. Ha sido la única tarde en Madrid que he podido disfrutar toreando, en la que he sido yo mismo; las demás tenía que ir a otro ritmo, y en ésta lo marqué yo.


-¿Con qué faena se queda? Imagino que por supuesto Madrid.


-Sí, más que nada por lo que ha significado. Pero me quedo con una de Dax a un toro de Montalvo. Fue una de esas obras que representan a lo que aspiro, el dominio, los tiempos, la pausa... Y una de Logroño. Me llenó porque fue a un toro de calidad, y es esto lo que me satisface, que las faenas importantes han sido con toros de calidad, y que con los complicados he mantenido el ritmo.


-Veo, matador, tres Julis diferentes en estos nueve años de alternativa: el que irrumpe con una fuerza y una frescura arrolladoras, otro más estancado y ahora uno cuajado y maduro.


-En la etapa intermedia estuve bloqueado. Por un lado quería evolucionar, pero no podía desarrollar porque tenía que responder a unas expectativas y a la vez defender mi sitio. Ha sido la época más amarga, pero tuve el mérito de no darle la espalda.


-Y ahora en la época dulce, sin quitarle méritos, ha sido clave encontrar a Roberto Domínguez como apoderado.


-Totalmente. Yo creo que el fin de mi carrera estaba cerca si no hubiera encontrado a Roberto. Por el camino que iba no veía ninguna motivación para defender algo que no sentía, ya no estaría en el toreo... Hubiera durado un año o dos años más como mucho. Ni disfrutaba toreando ni era feliz. A veces no sabía ni qué quería hacer. Con Roberto he encontrado la estabilidad como torero y me ha abierto la mente como persona, me ha hecho evolucionar, conocer muchas cosas como profesional, cosas que sabía pero que había abandonado.


-¿Su mano le ha ayudado a profundizar en su búsqueda?


-Roberto es un idealista. Siempre se interesa por la historia, por lo que ha marcado las carreras de los grandes toreros. Nosotros hablábamos de que con todo lo que yo había hecho, mi historia eran sólo números. Y ahora son los recuerdos, faenas como las de Madrid, lo que me marcan como torero.


-¿Se arrepiente de algo en estos nueve años de carrera?


-Evidentemente. Hay que tener en cuenta que desde el primer día hasta el último he estado tomando decisiones y me he equivocado algunas veces...


-Por la corrida de Castellón cargamos las tintas con usted.


-No fue en un momento bueno. Pero lo que más me ha dolido es que mi tarde de los seis toros de Madrid no se valorase como merecía. Algo habría que no encajaba en el periodismo o entre la gente. A veces se cuentan más las cosas negativas y las buenas se dan por hechas.


-Este año ha sido importantísimo para la Fiesta por el abanico de toreros que han protagonizado una temporada apasionante.


-Ha sido enriquecedor. Yo he disfrutado mucho con mis compañeros este año. Y todo ha sido una motivación para todos nosotros, cuando ves que la gente quiere estar donde tú estás. Ha habido mucha competencia personal, de orgullo, esa sensación de que juegas a ver quién es mejor, no a quién corta más orejas...


-El año venía fuerte, pero la reaparición de José Tomás sacudió el panorama. Aunque sería injusto decir que todo ha sido por él.


-Y sobre todo para los que llevamos cinco años tirando del peso de la Fiesta, pero sin duda ha sido una motivación para todos... Que reaparezca un torero como él es grandioso, porque con alguien que no está, con un mito inalcanzable, no puedes competir. Pero quien pisa el ruedo está al alcance.


-¿No cree que la tarde de Ávila con JT fue importantísima?


-Ha sido de las claves del año sin ninguna duda. Evidentemente el tipo de toro y la categoría de la plaza no tenían la repercusión de otros sitios, pero habrá sido de las tardes que más motivado he salido. Me llevo un puñado de cosas como recuerdo.


-¿Se podría trasladar ese mismo mano a mano a un escenario mayor el año que viene?


-Desde luego que sí. Yo estoy abierto, y creo que José Tomás también.


-Decía La Serna que el momento del torero es soltero y sin tabaco. Usted se casa el día 20...


-Hombre, no quiero que me cambie. Mi prioridad va a ser, mientras siga, el toro, mi forma de vida, mi preparación... Llegará un día que se acabe.


-¿Queda lejano ese día?


-El tiempo lo marcará. Espero darme cuenta. Los toreros llegan a un momento en el que no aportan nada. El día que yo vea que no marco la diferencia me iré antes de que me echen. Hay que saberse ir también.

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